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Una mamá de una familia numerosa me suplica que la folle

Madre de una familia numerosa, ella había perdido la costumbre de ser follada. Hasta que su marido fue presa de una frenesí de sexo y decidió reabrir el cofre de juguetes escondido bajo el sofá de la sala para revivir los viejos tiempos. Un cuerpo a cuerpo tórrido y silencioso, para no despertar a nadie...

Sonidos de chapoteo y risas se escapan del primer piso. Es la hora del baño y eso ya me la pone dura. La imagino en cuclillas junto a la bañera, en bragas para evitar mojarse con los movimientos desordenados del más pequeño de nuestros hijos. Unas bragas un poco feas pero cómodas, con un borde de encaje y un pequeño lazo delante. Imagino su rostro salpicado de gotas de agua, una lluvia que se aferra a los mechones de cabello escapados de su moño suelto y quiero interrumpir el lavado para atraparla y llevarla a nuestra habitación. Mi polla se endurece aún más, me hago violencia para pensar en otra cosa, sumergirme en la cocción de la cena. Sucedió así, sin que realmente me lo esperara: desde hace unos días, esta madre de una familia numerosa, mi esposa, me excita como si la hubiera conocido ayer. Ça fait longtemps, pourtant, que l'on ne passe plus des nuits à se dévorer, apprendre par coeur nos corps, expérimenter de nouveaux jouets, se perdre dans l'exaltation et s'endormir au petit matin la peau moite et les doigts liés. Il y a eu un enfant, puis deux, puis trois, puis un quatrième et enfin un cinquième, celui à qui elle donne le bain en ce moment. On a rangé les menottes et le fouet. Mis de côté les strings et les jarretelles. Oublié les soirées d'agape. La vie est devenue rigide, guidée par une organisation martiale indispensable. Les enfants d'abord, les parents ensuite. Le lever, le petit-déjeuner, la préparation pour l'école, les navettes, le travail, les activités extra-scolaires, le goûter, les devoirs, les bains, les dîners, l'histoire du soir, les biberons et réveils nocturnes, l'entretien de la maison, les parents d'élèves, les collègues, la famille, les heures supplémentaires et plus de place pour autre chose que du sexe rapide et fade. Une fois de temps en temps, histoire de dire. Je bande mollement, elle soupire vaguement et on considère ça comme une réussite. Mais ce soir et les soirs précédents, rien n'est mou, rien n'est feint. Je suis submergé par l'envie de la follar. Partout. Sur la mesa para comer, en el sofá, contra el mostrador, en el baño, en la máquina de lavar que nunca deja de girar, a la husarda en el pasillo, en acrobacia en el columpio, en todas partes. La bandeja de espaguetis con verduras está casi lista cuando ella se une a mí en la cocina con nuestra pequeña tribu. Todavía tiene la piel húmeda y un tirante de su sujetador se escapa sobre su hombro. Su mirada se cruza con la mía y me sonríe con aire sorprendido.

Se activa en los armarios y nos encontramos todos frente a nuestros platos. La mayor de nuestras hijas cuenta su pelea con su mejor amiga -que ya no lo es-. Su hermano hace bolitas con la miga de pan. Los dos del medio se divierten aspirando los espaguetis lo más rápido posible. El más pequeño completa la colección de manchas de su babero. Y yo le hago pie a mi esposa bajo la mesa. Al principio, eso la desconcentra, casi derrama su vaso de agua. Luego, bate las pestañas en mi dirección y se pone a ello también. Su pie acaricia mi pantorrilla y se demora en el interior de mi muslo. Sus dedos rozan mi erección que se ha vuelto incontrolable y me cuesta seguir las conversaciones de los niños, obnubilado por los movimientos de ese pie que me indican que ella también, ella me desea.

Expedimos el postre y las formalidades de la noche para ir a acostar a todo ese pequeño mundo. Mientras mi boca lee una historia de monstruos y caballeros heroicos, mi cerebro vuelve una y otra vez a la caja bajo el sofá. Una gran caja de madera provista de un pequeño candado. La caja en la que guardamos los juguetes inutilizados durante tanto tiempo. Las cuerdas, notablemente. Me apresuro a concluir la epopeya caballeresca, enciendo las luces de noche, susurro "que tengáis dulces sueños" y me voy al salón.

¡La madre de familia se transforma en bestia de sexo!

Mi esposa está en el baño, solo oigo el susurro del agua corriendo. La imagino quitándose su chándal y su camiseta suelta, tirando al suelo su pequeña braga. Las gotas de agua y la espuma sobre su piel pálida y suave. Oh sí, vamos a volver a sacar las cuerdas.

El cofre no se ha movido, sigue bajo el sofá. Me lleva un momento encontrar la llave del candado y mis dedos tiemblan cuando la inserto. Cofre del tesoro. Esposas para las muñecas y los tobillos, látigo y plumero, antifaz para los ojos, correa y collar, vibradores diversos y variados y todos esos accesorios que utilizábamos sin contar. Coloco una manta suave en el sofá y dispongo encima lo que tengo ganas de utilizar. Por encima de mi cabeza, las vigas de madera oscura no esperan más que participar. El ruido del agua se ha callado. Debe de estar secándose, aplicando crema con gestos concienzudos. Maquillarse, puede ser. Espero que no se ponga demasiado, la quiero con sus ojeras y los pequeños granos causados por las hormonas. La quiero al natural, con el cansancio y el tiempo que pasa, es esa honestidad lo que me la pone dura. Apago la luz del techo, dejo solo luces de ambiente. Una lista de reproducción en sordina, una voz sensual, letras que cuentan el amor, las mujeres, la vida. Y espero, la polla dura como el acero, resistiendo al deseo de empezar a masturbarme.

Ella llega. Se ha puesto un vestido sencillo, corto y ligero, que revela la curva de sus senos. Apenas maquillada, una pizca de rímel que agranda sus ojos y un poco de brillo que hace sus labios aún más carnosos. Sonríe al ver el cofre y su contenido y viene a sentarse a horcajadas sobre mí para besarme. Bajo su vestido, no hay bragas. Su coño roza el tejido tenso de mi entrepierna. Su boca toma la mía, nuestras lenguas se mezclan. Tiene un sabor a enjuague bucal y frutos rojos. Había olvidado lo bien que besaba. Cuando se detiene un momento, le muestro las cuerdas:

La hago enderezarse, estar de pie sobre la gran alfombra mullida. Ella se estremece cuando desabrocho los botones de su vestido para hacerlo caer a sus pies. Entonces la caliento tomándola contra mí, recorriendo su piel con mis manos cálidas. Ella suspira cuando me ve agarrar la cuerda.

Suavemente, recordando poco a poco los giros y los nudos, paso los lazos alrededor de sus muñecas, bajo su pecho. Sus brazos están atados en la espalda, su pecho apretado, tenso hacia adelante. No resisto a agarrar sus pezones entre mis dedos, pellizcarlos ligeramente antes de pasar a lo siguiente. Una última cuerda encuentra su lugar alrededor de su cuello, entre sus dos senos pesados, a lo largo de su vientre hasta su coño. Allí, la remonto en su espalda, entre sus brazos inmóviles. La hago arrodillarse antes de enganchar el extremo del sujetador a la viga. Sus grandes ojos levantados hacia mí rezuman deseo. Deslizo una mano entre sus muslos, la cuerda ya está húmeda de flujo. La beso de nuevo, más violentamente. Ella trata de mordisquearme el cuello, pero la rechazo para ir a buscar otro accesorio. Un vibrador negro y dorado que la volvía loca. Y, al ver su sonrisa cuando lo saco del cofre, ella tampoco lo ha olvidado. Sin dejar de mirarla, finalmente libero mi erección deshaciéndome de mi ropa. Mientras la rozo, ella trata de tomar mi sexo en su boca pero me escapo. "Tú, primero." Me arrodillo a mi vez, contra su espalda y enciendo el juguete. Recuerdo el modo de vibración que la hacía gritar y lo enciendo. Mi polla presionada contra sus muñecas atadas, acerco la cabeza redonda a su coño atrapado por la cuerda. Ella gime, una de mis manos viene a pegarse contra su boca. "Shh." Hago ir y venir el vibrador contra su clítoris. Su cuerpo se tensa, ella trata de agarrar mi polla con sus dedos pero se lo niego de nuevo. De la mano que la reducía al silencio, ahora maltrato sus grandes senos, retorciendo los pezones, agarrando la carne, clavando mis uñas. Ella se arquea, se tensa, retiene mal unos grititos de placer. Mis dientes se hunden en su cuello, su piel es tan tierna que quiero devorarla toda entera. Las cuerdas ricas rozan contra mi pene y debo concentrarme para no correrme en su espalda. Ella está a punto, lo siento en su aliento y en el ligero temblor de sus piernas. Acelero el ritmo, le atrapo la mandíbula con mi mano, un dedo en su boca. Le susurro al oído: "Córrete ahora." Y ella obedece. Su cuerpo como recorrido por una corriente eléctrica intensa, un grito ronco se le escapa. La mantengo apretada contra mí, su pecho jadeante, espasmos agitando sus músculos.

El juguete apagado, la libero del abrazo de las cuerdas. Ella se deja caer al suelo, unas marcas violáceas recorren su piel. La pequeña barriga que le dejaron los embarazos se eleva al ritmo de su respiración entrecortada. Sus gruesos muslos se abren para dejarme admirar su coño rizado, su clítoris hinchado. Ella es increíblemente hermosa.

Me corro como nunca en la madre de mis hijos 

Le doy unos segundos de respiro para que recupere el aliento y la beso por todas partes. Mis manos buscan su gran culo, le masajeo las nalgas, presiono mi polla contra su piel. Por fin libre de sus movimientos, ella la agarra, me masturba con una suavidad casi dolorosa. "Fóllame ahora."

La agarro por las caderas, la empujo contra el sofá. Ella está a cuatro patas, sus nalgas suaves tensas hacia mí. Me sumerjo en ella, mi lengua contra su clítoris turgente. Mi barbilla está llena de flujo y saliva, eso gotea tanto que mis dedos se insertan en ella naturalmente. Uno por uno, hasta que cuatro de ellos la penetran, haciéndola gemir de nuevo -casi- silenciosamente. "Fóllame, te lo suplico", repite, con las uñas clavadas en el sofá. Ella se arquea de nuevo y me rompo.

Finalmente, la penetro. Su coño me acoge con voluptuosidad, lentamente, hasta la empuñadura. Mis pelotas presionan contra su pubis, mis manos se aferran a su culo. Ella mueve la pelvis y acelero el ritmo. Mi mano alrededor de su cabello, tiro su cabeza hacia atrás. Cada vez más rápido, casi frenético. Grandes golpes de riñones que la hacen babear y jadear. De repente, tengo ganas de ver su cara. La giro sobre su espalda, ella aprovecha para agarrar mi polla y deslizarla en su boca. De los cojones al glande, ella lame, aspira, chupa, mordisquea. Siento el fondo de su garganta contra mi glande y me hundo aún más. Sus dedos juegan con mis bolas hinchadas, podría soltarlo todo en su boca, ahogarla con mi semen. Me retiro y sin esperar, la penetro. Sus pies se posan sobre mis hombros, ella me agarra del cabello y me besa a boca llena. Pegada contra la parte baja de mi espalda, su otra mano me guía y me da el tempo. Más rápido, cada vez más rápido. Mi torso aplasta sus grandes senos resbaladizos de sudor. La miro a los ojos, sus cejas fruncidas por el placer, mechones pegados a la frente por el sudor, su boca jadeante, ella es horriblemente excitante. Ella sonríe al quitar su mano de mi espalda e inserta su índice en mi boca. Lo lamo, lo rodeo de saliva. Cuando gotea, ella viene a presionarlo contra mi culo, hunde una falange. El placer me traspasa, voy a estallar. Acelero aún más y ella gime, sopla "no pares, te lo suplico". Segundos de intensidad pura, ella cierra los ojos, ya no puede controlar sus gemidos. Su dedo se hunde un poco más cuando alcanza el orgasmo y, a mi vez, me derrumbo y vierto mi semen en su coño. Ella tiene una pequeña risa al estrecharme contra ella.

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